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lunes, 9 de mayo de 2011

Abriéndose al amor de Dios es como se encuentra la verdadera alegría

El arte de promover y de cuidar las vocaciones encuentra un luminoso punto de referencia en las páginas del Evangelio en las que Jesús llama a sus discípulos a seguirle y los educa con amor y esmero. 
El modo en el que Jesús llamó a sus más estrechos colaboradores para anunciar el Reino de Dios ha de ser objeto particular de nuestra atención (cf. Lc 10,9). 

En primer lugar, aparece claramente que el primer acto ha sido la oración por ellos: antes de llamarlos, Jesús pasó la noche a solas, en oración y en la escucha de la voluntad del Padre (cf. Lc 6, 12), en una elevación interior por encima de las cosas ordinarias. La vocación de los discípulos nace precisamente en el coloquio íntimo de Jesús con el Padre. 

Las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada son primordialmente fruto de un constante contacto con el Dios vivo y de una insistente oración que se eleva al «Señor de la mies» tanto en las comunidades parroquiales, como en las familias cristianas y en los cenáculos vocacionales.

La propuesta que Jesús hace a quienes dice «¡Sígueme!» es ardua y exultante: los invita a entrar en su amistad, a escuchar de cerca su Palabra y a vivir con Él; les enseña la entrega total a Dios y a la difusión de su Reino según la ley del Evangelio: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24); los invita a salir de la propria voluntad cerrada en sí misma, de su idea de autorrealización, para sumergirse en otra voluntad, la de Dios, y dejarse guiar por ella; les hace vivir una fraternidad, que nace de esta disponibilidad total a Dios (cf. Mt 12, 49-50), y que llega a ser el rasgo distintivo de la comunidad de Jesús: «La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros» (Jn 13, 35).

El Señor no deja de llamar, en todas las edades de la vida, para compartir su misión y servir a la Iglesia en el ministerio ordenado y en la vida consagrada.

Esta reflexión son fragmentos del MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI PARA LA XLVIII JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES este 15 de mayo.

miércoles, 23 de marzo de 2011

DECIDETE A BUSCAR

Cuando nos vemos enfrentados a elegir, existen una serie de interrogantes que surgen al momento de tomar la decisión. Una de ellas, si no la más importante es ¿Elegiré bien?.
Cuando se está frente a una decisión tan importante, se debe considerar la vocación, que muchas veces se confunde con intereses, gustos o preferencias y que si bien abarca a dichos elementos, va mucho más allá.

¿Cómo identificar nuestra vocación? Seguramente muchos de ustedes se estarán haciendo esta misma pregunta. Es importante que sepan que la vocación es sólo una e implica la combinación de elementos muy importantes: Actitud, aptitud y el gusto. Eso no significa de ningún modo que exista sólo una forma capaz de satisfacer las expectativas individuales, sino que se debe explorar la gama de alternativas compatibles con la vocación personal.

Muchas veces hay cosas que nos gustan, pero no tenemos aptitud para ellas, o viceversa. Por eso es importante lograr identificar bien cuál es nuestra verdadera vocación, para que sea esta la que guíe nuestra decisión.

La vocación está relacionada directamente con nuestro Proyecto de Vida, con el sentido que queremos darle. Tomar una decisión considerando tu Vocación es fundamental, ya que en algún momento la vida nos pasa la cuenta de nuestras elecciones.

"Busca y encontrarás" Porque quien busca, encuentra.

Por Alejandra San Juan (Psicóloga)